Aquí me suelto.
Aquí me suelto.
Lo que no planeé (y menos mal)
“Nunca fue mi sueño estudiar marketing. En realidad, lo que yo quería era ser psicóloga.”
Pero cuando lo dije en casa no me miraron precisamente con entusiasmo.
Me soltaron algo así como:
“Eso no te va a dar de comer.”
Y yo, que siempre he sido práctica (y un poco influenciable), copié el camino de mi hermana mayor y me lancé a estudiar marketing.
Sinceramente: fue la mejor decisión forzada que he tomado en mi vida.
Si tuviera que volver atrás, volvería a estudiar marketing sin dudarlo.
Aunque reconozco que aún tengo esa espinita clavada con Psicología… Quién sabe, quizás un día me apunte con mi hija a la universidad. Sería épico: madre e hija compartiendo clase.
Caminos, vueltas y equilibrios
Hasta llegar donde estoy hoy he dado más de mil vueltas. A veces he sentido que estaba justo donde tenía que estar, y otras, que me quemaba el culo y tenía que salir corriendo.
Si te pasas por mi perfil de LinkedIn verás que he trabajado en varias empresas, pero siempre dentro del área de marketing. Esa parte nunca cambió.
“Siempre he dicho que mi vida ideal tendría un equilibrio entre trabajo, formación y tiempo para mí.”
No digo que lo haya conseguido, pero lo intento a diario. Trabajo mucho (sí), pero soy tremendamente eficiente (o eso me gusta pensar).
Me formo constantemente, y el tiempo que me guardo “para mí” suele ir destinado a los míos. (No diré quiénes son para no herir susceptibilidades… ni generar envidias 😌).
El deporte y yo
El deporte es otro de mis pilares. No lo fue siempre. Lo descubrí gracias a un complejo con mi cuerpo (bendito complejo) que me acompañó media vida.
Fue mi puerta de entrada a un mundo que hoy me da paz, fuerza y equilibrio.
“Si yo rediseñara la pirámide de Maslow, el deporte estaría bien arriba.
O bien abajo. Pero estaría fijo.”
Una decisión impuesta (que se convirtió en regalo)
Durante muchos años trabajé por cuenta ajena. Hasta que la vida me puso contra las cuerdas: nació mi hija. Nació sorda.
Y tuve (tuvimos) que acompañarla a médicos, terapias, sesiones, especialistas… Ahí fue cuando “me vi obligada” a hacerme autónoma. Otra decisión impuesta que se convirtió en regalo.
Desde entonces trabajo por cuenta propia. Y aunque mi libertad a veces depende más de la agenda de mis clientes que de la mía, sigo creyendo que elegí el camino correcto.
Lo que hay detrás de todo
Si has llegado hasta aquí y me estás leyendo con curiosidad (o con escepticismo),
solo puedo decirte esto:
“Detrás de la consultora, la docente y la que da charlas, hay una persona.
Una con corazón, con sus manías, sus tocs y su parte ‘hierbas’.
Y de esa parte tengo mucha.”
Si quieres saber más sobre mi trabajo profesional, puedes leer mi bio seria.
O, si prefieres, echa un vistazo a mis libros.