Hace un mes aproximadamente, estábamos pasando un día en familia y ocurrió lo que os cuento en este post.

Estábamos en un lugar al aire libre con piscina. Toda la familia vestía ropa de baño y disfrutábamos del ruido del chapoteando en el agua. Estábamos pasando un día estupendo.

Mis papás, mi hermana, mi sobrino, mi chico, Aitana,… un día excelente.

A la hora de comer, y tras haber tomado el baño, Aitana no quiso ponerse sus implantes cocleares. Este gesto es algo muy común en ella. A mi hija Aitana le encanta sentir el silencio, le encanta esa libertad que le da evadirse del mundo de los sonidos y le encanta reencontrarse con ella misma.

Esto es algo que llama la atención a muchas personas. No entienden que siendo sorda y teniendo la posibilidad de escuchar prefiera estar en absoluto silencio, sin apenas participar profundamente en las conversaciones. Pero mi hija Aitana es así, y a mí me encanta que se muestre tal y como es.

Ese día, mi padre, persona de 69 años orgulloso de la familia que ha formado, estaba pletórico de ver a toda la familia reunida (Ya sabéis, esas cosas que tienen los padres que se les cae la baba de ver a todos juntos y que no dejan de hacer fotos para enviar por WhatsApp a los amigos) Pero había algo que a mi padre no le hacía sentirse cómodo y era que Aitana no llevaba sus implantes.

Yo lo sentía, lo percibía e intuía que tarde o temprano mi padre pasaría a la acción. No tardó en abrir esta conversación:

  • Hija, ponle los implantes a Aitana
  • Papá, pregúntale a Aitana si desea ponérselos.

Quince segundos después, mi padre llamó a Aitana por detrás tocándole el hombro. Aitana se giró para ver quién le llamaba y mi padre comenzó a hacer gestos con sus manos tocándose los oídos (tratando de decirle a Aitana que se pusiera los implantes). En ese momento Aitana le respondió:

  • Prefiero ir sin implantes yayo

La cara que se le quedó a mi padre en ese momento era de desconcierto. ¿Cómo prefiere elegir estar sin escuchar si tiene la posibilidad de hacerlo?

Pues sencillamente porque es sorda papá, sencillamente porque su estado natural es no escuchar y porque llevar implantes para ella es algo externo a su ser. Ella con nosotros se siente segura y tranquila y prefiere ser ella misma, prefiere SER y no parecer.

Mi respuesta a la cara de desconcierto de mi padre fue:

  • Papá, ese es su estado natural, dejémosla ser. Ella es, y será, sorda toda la vida. Acéptalo. No vivas resignado, eso solo te hace daño a ti. Yo tardé mucho tiempo en aceptarlo, y te aseguro que ahora no sufro por tener a una hija sorda, ahora disfruto de mi hija sorda. Mis preocupaciones ahora se asemejan a las que tiene cualquier padre: por la adolescencia, por su primer amor, etc. Eso no quiere decir que sigamos trabajando duro con ella, claro que sí, pero sin dolor, desde la aceptación. Esa es la base de toda curación: aceptar las cosas que la vida nos pone delante tal y como vienen.

No sé si mi padre fue plenamente consciente de lo que le dije, tampoco he vuelto a hablar con él de este tema.

Lo que si deseo, es que si tú me estás leyendo, y te ves reflejado en este pequeño relato, te ayude a saber que como madre de una niña sorda tardé en aceptar la sordera de mi hija y pasé mi duelo (y fue realmente duro).

Pero hoy puedo decir que si pudiera tirar atrás no cambiaría mi historia. Aitana ha venido para hacernos crecer a toda la familia y para enseñarnos que se puede vivir de otra manera que nadie nos ha enseñado.

Aitana ha sido un regalo y solo por eso, no hay que cambiarlo.

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Sinopsis:
A veces la vida te cambia en un segundo. De repente, todo se desmorona. Aparece el miedo, la negación, la desesperación, la rabia. A Loles Sancho le ocurrió cuando le dieron el diagnóstico de su hija Aitana: hipoacusia profunda. Fue en ese segundo cuando la vida le cambió… pero a mejor. Porque decidió superar el miedo, la negación, la desesperación y la rabia. Y lo consiguió. SOS Mi hija es Sorda es una historia de superación, de lucha, de lágrimas y de felicidad. Loles Sancho tuvo que aprender a vivir de una manera diferente. La discapacidad de su hija le hizo superar su obsesión por el trabajo y la perfección. El running le dio la fuerza que necesitaba para emprender la lucha por el bienestar de su hija. Y su marido y gran apoyo, Javier, le dio la paz necesaria para  entender que hundirse no era una salida. El libro de Loles Sancho no es una historia de discapacidad, es una historia de fuerza, de lucha, de sinceridad, de amor incondicional y emociones desbordadas. Es la historia de una mujer que hizo frente a la adversidad mirándola de frente.

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