Se acerca el verano y con ello las visitas a la playa y a piscinas.

Nosotros vivimos en un pueblo costero, tenemos la playa a 1,5 kilómetros de casa, con lo que os podéis imaginar la de veces que la visitamos a lo largo del año, y sobre todo en verano.

Lo que para un niño puedo ser el mejor momento del día; bañarse, hacer castillos de arena, jugar con otros niños, etc. para Aitana se convierte, en muchas ocasiones, en momentos de frustración. Ahora os explicaré por qué.

Aitana es usuaria de implante coclear bilateral y, como sabéis, los implantes no pueden mojarse. Aitana desde muy pequeña se acostumbró a dejar de escuchar en situaciones donde hay agua: el baño, playa y piscinas. A ella, incluso le gusta sentir que flota en el agua sin escuchar nada, le relaja, le conecta con su ser. Pero ¿Qué ocurre cuando quiere jugar con otros niños a construir castillos de arena, a la pelota,…? Que le cuesta integrarse y que la integren.

Antes de seguir con la historia, hago un inciso para comentar que tenemos fundas protectoras para  agua que nos costaron carísimas pero que a Aitana no le gusta llevarlas porque va muy incómoda con ellas y, además, no somos usuarios de lengua de signos, de momento.

Retomo…

En los momentos de playa o piscina, cuando hay niños con los que quiere jugar me acerco y les explico a los niños que Aitana no escucha porque es sorda, que aunque ella hable con normalidad, no escucha. Les digo que Aitana desea jugar con ellos pero que necesita que le hagan gestos y que le hablen mirándole a la cara para que ella pueda hacer lectura labial.

Esto funciona los primeros minutos, porque para ellos es una novedad, ¡una niña sorda!, pero al momento se les olvida de cómo pueden ayudar a Aitana y es cuando ella se pierde con el juego. No sabe qué dicen y a ella todavía siente algo de vergüenza por ser sorda en un mundo de oyentes. Todo ello provoca que Aitana se enfade, sienta ira, se encierre en sí misma y que no quiera jugar con nadie más que con sus papás.

Esta es una de las situaciones más complicadas para nosotras, porque aunque sé que Aitana disfruta jugando conmigo, desearía poder hacerlo con “normalidad” con el resto de niños.

También es cierto que hemos vivido anécdotas graciosas en la playa. Un día, mientras Aitana hacia su castillo de arena, se acercó una mamá con su hijo a pedirle a Aitana si les dejaba su pala para cavar un ratito. Aitana ni los vio porque estaba de espaldas y, por supuesto, tampoco respondió. La mamá de ese niño se fue diciendo entre dientes, “Vaya niña más maleducada” Yo al ver eso, en vez de enfadarme y dar explicaciones, sonreí y traté de verle la parte graciosa a la situación. Porque ¿sabéis qué? A veces no hay desgastar energía en las cosas que no son verdaderamente importantes.

Aitana poco a poco va descubriendo sus propias estrategias para poder defenderse de situaciones como éstas. Recuerdo, hace unos 3 años, estábamos en una piscina y había unos gemelos de la misma edad que ella. Se los presenté a Aitana, ellos eran Pedro y Alberto. Aitana leyó mis labios y supo enseguida como se llamaban los niños, pero al ser idénticos costaba diferenciarlos. Solo bastaron cinco minutos de juego para que Pedro y Alberto se mezclaran y Aitana perdiera la referencia ¿Qué hizo Aitana para poder saber de nuevo quién era quién ? Sencillamente dijo en voz alta:

  • Que levante la mano quien se llame Pedro

¿No es maravilloso? Ella necesitaba una señal visual y la consiguió de manera espontánea con una pregunta tan sencilla como esa.

Esto que os he contado, es mi experiencia personal. No significa que todas las familias de hijos con pérdida auditiva vivan esta situación de la misma manera. Conozco a muchas familias que llevan a sus hijos a la playa y piscina con fundas para agua o que son usuario de lengua de signos (LSE). Como sabéis, este blog lo destino a volcar mi experiencia con mi hija Aitana.

 


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