Tengo este blog abandonado desde hace más de 10 meses. Los motivos son varios, pero, sobre todo, es que si no tengo nada interesante que contar, mejor estar callada ¿verdad?

El 2017 ha sido un año que no olvidaré. Un año de grandes aprendizajes personales, sin duda.

Corrí mucho hasta la primera mitad del año. Durante el primer semestre, corrí dos maratones (Castellón y la Vía Verde) y participé en el reto 50 Horas de Avapace Corre.

Pero, a mitad de junio, mi cuerpo me pidió dejar las zapatillas. ¿Por qué? No lo sé exactamente. Quizás, acumulación de kilómetros; quizás, me desbordó el trabajo, quizás; fueron las emociones. El caso es que colgué las zapatillas.

Trataba de forzar la situación vistiéndome cada mañana de  #unasocialrunner, pero al salir de casa, mis piernas andaban, no querían trotar, así que, después de casi dos meses tratando de hacer lo que mi cuerpo no quería, me di por vencida y colgué las zapatillas del todo.

De junio a octubre, creo que entrené cuatro o cinco veces (lo que normalmente hago en una semana). No me apetecía marcarme objetivos: ni maratones, ni medias maratones, ni tan siquiera 10K, NADA.

Así he estado hasta bien avanzado el mes de octubre que, de repente, se despertó otra vez en mí el gusanillo por  correr. Ahora estoy en fase de perder los kilos que me he puesto encima, que no sé cuántos son porque me despedí de la báscula hace tiempo, y de trabajar el umbral aeróbico porque lo había perdido en este tiempo.

¿Tengo objetivos para 2018? Sí, pero no son deportivos, ni es dejar de fumar, ni bajar peso, ni objetivos laborales, ni ninguno de esta índole. Son objetivos de trabajo personal.

Está claro que nuestras experiencias, las personas que se acercan a nuestras vidas, las cosas que nos perturban y que nos hacen sufrir… están ahí por algo. Quizás para hacernos despertar. Quien haya “despertado” sabrá de sobra de lo que hablo.

Solo quiero vivir ahora, consciente y de manera responsable, algo que ninguna escuela nos ha enseñado y en lo que estoy invirtiendo desde hace meses parte de tiempo, es decir, en mi crecimiento y desarrollo personal.

Por supuesto, seguiré haciendo deporte, ya que #unasocialrunner tiene que dar todavía mucha guerra, pero no voy a ponerme un dorsal cada fin de semana. Hace años que no hago eso y tampoco es algo que necesite en estos momentos.

Estos días, como os comentaba, estoy saliendo a hacer tiradas de 1.30h–1.45h para ir trabajando el umbral aeróbico y también realizo ejercicios de tonificación en el gimnasio (algo de pesas, body pump…)

Hoy soy consciente de que aquello que me quitó las ganas de salir a correr era mi subconsciente que comenzaba a despertar. Esos nervios en el estómago, esa sensación de que nunca nada está bien, de querer cambiar lo de fuera, etc. era el comienzo de un gran camino.

Gracias por haber llegado hasta el final del post, significa mucho para mí que hayas dedicado parte de tu valioso tiempo a leerme.

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