Hoy doy voz a Javier, mi marido. Él nos cuenta qué es para él y cómo ha vivido el reto AVAPACE Corre del pasado fin de semana.


Esperar en las metas de las carreras a que llegue Loles, mi mujer, es muy parecido a las esperas en un aeropuerto. Ese fluir constante de gente, cada uno con su historia, resulta curioso e interesante. Ves muchas cosas en las metas. Quien ha sufrido, quien se ha divertido, quien se lo toma como algo muy serio y quien como un hobby.

Y este fin de semana vi muchas llegadas a meta. Se celebró el reto AVAPACE, consistente en correr 50 10k en 50 horas. 50 oportunidades de ver llegadas a meta.

Pero no llegadas competitivas, ni extenuantes. La gente no hacía el típico gesto de pararse el cronómetro nada más cruzar la meta.

Ha sido un fin de semana de estar allí, de aplaudir, de ser uno más en la multitud de personas sonrientes, y de animar en su labor al club AVAPACE Corre y todos los amigos que se unieron a ellos en este reto solidario.

Pero la sensación de sala de espera en un aeropuerto era la misma. Ver pasar a multitud de personas, multitud de historias. Y de todas ellas, una llamó mi atención. Egoísmo positivo. Es lo que rezaba la camiseta de un corredor de la última 10k, la que cerró el reto.

No sé cómo se llamaba, pude saber que vino expresamente desde Barcelona a participar en este reto.

Egoísmo positivo. Todo un oxímoron. Como “clamoroso silencio”, como “oscuridad luminosa”. Dos conceptos contrapuestos, porque, ¿como un egoísmo va a ser positivo?.

Pensé en ello, y poco a poco fui encontrándole sentido. Estar allí para ayudar a AVAPACE para dar visibilidad a la parálisis cerebral, y conocer a las familias, a sus niños, sus historias. Y en esas historias encuentras un lección de vida. Familias a las que a la vida no les dio, a priori, las mejores cartas, te enseñan cómo la vida sigue, que las limitaciones se las pone cada uno en su mente, porque éstas, realmente, no existen.

Y esa ausencia de límites te ayuda a ponerte a ti mismo en tu lugar. A pensar en aquellas cosas que nos quitan el sueño, a las que dedicamos nuestras máximas preocupaciones. Cuando la realidad es que no hay nada que merezca la pena nuestras amarguras y desvelos. Que nuestra máxima preocupación debe ser la felicidad. La nuestra y la de quienes nos rodean. Y quitarnos de encima nuestras limitaciones, porque si nos lo proponemos, somos capaces de cualquier cosa. Sólo hace falta el deseo y las personas adecuadas a nuestro lado.

Y cuando pensabas que tú ibas al Reto AVAPACE a apoyar y ayudar, te das cuenta que son las familias de AVAPACE quienes te ayudan a ti. Quienes te enseñan una lección de vida, y te muestran que todo es posible con la suficiente fuerza de voluntad, y que si estás allí es para ayudarte a ti mismo, y para que ellos te abran los ojos y te muestren las verdaderas cosas importantes de la vida.

E ibas allí pensando en apoyar, y te vas habiendo sido ayudado, con una lección que jamás olvidarás. Y el afortunado eres tú. Y realmente lo que has hecho lo necesitabas tú. Las familias de Avapace llevan la mochila cargada de fuerza y positividad. Quienes no la llevamos éramos quienes íbamos allí a “apoyar”.

Egoísmo positivo. Gracias por la lección.

Sobre AVAPACE:

AVAPACE es una entidad sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública que está formada por personas con parálisis cerebral junto a sus padres y madres, hermanos y familiares, profesionales y voluntarios. También integramos a otras personas que sufren otras encefalopatías de tratamientos afines.

 

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