Hace unas semanas nos llamaron del colegio de Aitana para avisarnos de que Aitana se había quedado sin batería en ambos implantes.

Os contaré nuestro caso.

Al parecer la carga de baterías de la noche anterior no había sido correcta. Nuestro cargador ya tiene casi 6 años y comienza a fallar.

Aitana salió de casa escuchando por ambos oídos con normalidad por lo que no alertamos nada antes de que ella llegara al colegio.

Fue a las dos horas de esta en el colegio cuando Aitana le dijo al profesor que se le-había terminado la batería del implante coclear derecho pero que podía seguir escuchando por el izquierdo.

A escasos 30 minutos, según nos cuenta Aitana, notó que le iba a suceder lo mismo en el otro implante y que avisó al profesor:

“Manu, voy a dejar de escuchar por el otro oído, llama a mis padres para que traigan otros baterías por favor. Cuando deje de escuchar no escuchare nada, puedes escribir lo que quieras decirme”

Y así fue, Aitana dejó de escuchar y según su profesor le cambio la cara, la actitud y quiso retirarse del resto de grupo.

Aitana pidió al profesor sentarse en su mesa y estar más tranquila, porque sabía que el resto de compañeros, aún sabiendo que es sorda, no iban a parar de preguntarle y ella se iba a sentir mal por no entenderles.

Fueron unos 45 minutos lo que tardo mi marido, Javier, en llegar al colegio con otras baterías. Durante ese tiempo Aitana estuvo en la mesa del profesor, sus compañeros trataron de ayudarla a entender las cosas que sucedían en clase, su profesor utilizó una aplicación del móvil para escribir y comunicarse con ella y todos en general comenzaron a gesticular más de lo habitual.

Esa noche Aitana y yo estuvimos hablando de lo que había pasado. Me lo contaba como una aventura, como algo bonito, algo divertido.

Ella fue plenamente consciente de que su entorno se volcó en ayudarla y que todos aprendieron de esa situación.

Cuando en casa y el colegio se habla de la diversidad funcional con normalidad, no hay situaciones “diferentes” que saquen a los niños de su zona de confort. 

 Es cierto que Aitana ese día se sintió diferente, que la situación al principio le causó angustia. Pero también es cierto que las personas de su entorno empatizaron con ella y que trataron de hacerle las cosas más sencillas.

Con este post quiero remarcar dos cosas muy importantes:

  1. Hay que trabajar la autoestima de los niños sordos. Los padres de niños sordos, en muchas ocasiones, nos centramos en trabajar su capacidad de comprensión, vocabulario, dicción, etc. Y pasamos por alto otras cosas mucho más importantes como la aceptación y autoestima.
  2. Que el entorno del niño sordo ayuda muchísimo a superar las barreras que en el día a día se les puedan presentar. Pero para ello, deben estar rodeados que eduquen en la diversidad.

Imagen destacada del post de Turialife

 

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