Hoy hace justo un año que decidí no correr para mejorar como atleta pero sí como persona.

Hace 12 meses decidí dejar de entrenar para mejorar mis marcas y dedicarme realmente a correr para disfrutar y mantenerme en forma, psíquica y físicamente.

¿Eso quiere decir que antes no disfrutaba del running? No, claro que disfrutaba, pero era otro tipo de disfrute.

Fue en octubre de 2015, en plena preparación de la que iba a ser mi segunda maratón cuando dije, “se acabó, esto ha perdido todo el sentido que tenía para mí este deporte” Perdió el sentido por mi forma de ser, por mi forma de tomarme las cosas, por querer dar el 300% en todo aquello que llevo entre manos, porque a veces no sé dosificarme.

Octubre de 2015 fue cuando mi marido y yo lanzamos al mercado nuestro proyecto aitanastar.com, un mes que coincide con la vuelta al cole y que yo la “sufro” por partida doble, como madre y como profesora.

Era incapaz de organizar mis horarios de trabajo, mis clases y mis entrenamientos. Esto me llevaba a hacer alguna que otra locura como levantarme a las 5.30h para poder hacer los 15kms diarios antes de despertar a Aitana para llevarla al cole, renunciar a la comida de mediodía para poder rascar horas al día para hacer las series, hacer el largo de 30kms en ayunas para ganar 30 minutos al día,… lo que me suponía un estrés y que un día pagué.

Fue un miércoles, salí a hacer mi largo de 30kms con una compañera, ya en el kilómetro 15 estaba cansada, desmotivada, con dudas que llevaba arrastrando ya hace semanas. Mi cabeza no paraba de dar vueltas a esa maratón y a mi objetivo de hacerla en menos de 3.30h. Así, sinceramente, tampoco disfrutaba de los entrenamientos. Salían bien, siempre cumplía con el plan que me establecía mi entrenador, pero algo en mi cabeza decía que no. Estaba físicamente más fuerte que nunca pero mi cabeza no me acompañaba.

Ese miércoles, después de 30kms en las piernas, me esperaba una larga jornada por delante. Me vino justo llegar a casa, ducharme, coger el portátil, una pieza de fruta e irme a una reunión que se alargó más de la cuenta y me impidió parar a comer. De esa reunión me fui andando a paso ligero, mientras me comía la pieza de fruta a dar clase. Mis clases suelen ser de 5h. Cinco horas en las que estoy al 300% sin parar de moverme, de hablar, escuchar,… cosa que agota casi más que correr. Cuando llevaba 3h de clase empecé a encontrarme algo mareada, empezaron a darme calambres en las piernas, sudores fríos,… y fue en ese momento cuando dije: “hasta aquí Loles, te la estás jugando” y no era precisamente la maratón, sino la salud.

Recuerdo que por esa época dormía fatal, el dicho estrés del trabajo (que a veces me cuesta gestionar), la incertidumbre constante en la que vivimos los emprendedores y la presión que yo misma me metía con mi objetivo, bajar de 3.30h, estaban pudiendo conmigo.

¿Qué estaba haciendo? Yo empecé a correr para superar y aprender a vivir con la discapacidad de mi hija y aquello se había convertido en una olla exprés que no me dejaba respirar.

Me satisfacía muchísimo cruzar la meta cada vez en menos tiempo, claro que sí, pero el sacrificio, el sufrimiento y la renuncia de tiempo a mi familia había dejado de tener sentido.

Me di cuenta que podía reenfocar mi faceta como deportista, que podía seguir corriendo las veces que quisiera, los kilómetros que me apetecieran, a la velocidad que a mi cuerpo le apeteciera ese día pero sin la obligación que me estaba imponiendo.

Hoy puedo decir que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en el último año. Porque hoy sigo corriendo ¡y no poco! Los que me conocéis sabéis que me pongo las zapatillas casi a diario. Sigo madrugando porque no quiero renunciar a llevar a mi hija al colegio, porque nos encanta hacerlo en familia, he conocido a gente que se une a mis entrenamientos al “trote cochinero” (como suelen decir algunos) y disfruto del paisaje porque no miro apenas el reloj.

Hoy corro para apoyar buenas causas, para dar visibilidad a los que más lo necesitan. Antes mis objetivos me impedían colaborar tanto con estas causas.

Hoy sigo teniendo mis pequeños retos personales asociados al Running, porque sin retos para mí la vida tiene poco sentido y se hace aburrida. Pero hoy no soy esclava de un cronómetro que llegó a hacerme sentir mal cuando marcaba sólo un segundo más de lo esperado.

Hoy vuelvo a tener ganas de escribir en este blog y de seguir contándoos mis crónicas y anécdotas como runner. Hoy vuelve #unasocialrunner

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