Hoy quiero regalaros un pedacito de mi libro. Así es como empieza mi historia, la historia de lucha, superación y de amor que cuento en SOS Mi hija es sorda.

Espero lo disfrutéis.

Es abril. Estoy sentada en la playa. El día es soleado, precioso. Esa época del año donde en ciertos momentos parece que estemos en verano.

La playa, casi desierta. Y sentir la arena caliente en los pies desnudos me aporta una sensación de libertad que llevaba meses olvidada.

Veo una pareja pasear cerca de la orilla. Llevan las zapatillas en la mano, pero no se mojan los pies. El agua aún está fría.

Ella está embarazada. Pero el día es lo suficientemente bueno como para que se haya subido la camiseta, dejando su preciosa tripa de embarazada a la vista. Con la mano que tiene libre acaricia su tripa. Estimo que está de unas treinta semanas. Unos siete meses de ese maravilloso proceso.

Y recuerdo cuando era yo quien me acariciaba la tripa, y esa mezcla de sensaciones contradictorias. Inmensa alegría por lo que está por venir y, en ocasiones, temores, miedos. Esas incógnitas que todas las mujeres embarazadas compartimos. ¿Cómo será el parto?, ¿saldrá todo bien?

“Todas las pruebas que me han hecho dicen que está todo correcto, pero conozco casos donde también estaba todo bien y, después, hubo problemas. Pero no puedo pensar así, no puedo angustiarme porque no me beneficia. Sólo me pone nerviosa, y no es bueno para mí ni para el bebé”.

Toda mujer embarazada tiene esas dudas, esas preguntas, y normalmente se las guarda dentro, muy adentro. No queremos preocupar a nuestra pareja, no queremos atraer malos pensamientos. Y además, hay tantas cosas que preparar, tantas cosas en las que pensar que hacen que esos pensamientos se vayan disipando.

Pero sé algo en lo que no ha pensado esa chica embarazada, porque yo, teniendo todos esos temores, jamás lo había pensado: jamás había pensado en la posibilidad de que la hija que llevaba dentro de mí fuera sorda. Había barajado cientos de posibilidades, pero jamás esa. No sé por qué. Pero no entran en la cabeza de nadie, a no ser que haya claros antecedentes familiares.

Estoy segura de que esa chica que pasea por la orilla ha pensado en muchas cosas, pero jamás en que su bebé tenga sordera.

Y sin embargo, mi hija Aitana nació sorda, severo-profunda, totalmente sorda. Sin antecedentes familiares, sin complicaciones en el embarazo, sin problemas en el parto; no sabemos por qué, pero es sorda.

Una vez preguntaron a un grupo de personas que asistíamos a una conferencia:

–Si tuvierais que elegir obligatoriamente, ¿preferiríais ser ciegos o sordos?

La inmensa mayoría del auditorio respondió que preferiría ser sorda. Que la vista es primordial, vital.

El ponente sonrió, y nos dijo:

–No hay una respuesta correcta. Pero pensad algo. La ceguera nos aleja de las cosas. La sordera nos aleja de las personas. Ahora que cada uno decida de lo que preferiría estar más alejado.

Me incorporo y recojo mis zapatillas. Tengo que levantar la voz, está alejada.

–¡Aitana… ven ya!, ¡nos vamos a casa!

–Ya voy mamá… mira qué piedra he encontrado.

¿Te  ha gustado este pequeño fragmento?

Si deseas comprar mi libro, en este enlace puedes ver los puntos de venta online.

Para España hago envíos del libro dedicado, escríbeme a loles@lolessancho.com

 

¿Te ha gustado? Compártelo.