Nada es bueno ni malo por sí mism@. El problema es cuando confundimos la búsqueda de la excelencia, de la armonía con la perfección. Una búsqueda que nos separa de ser lo mejor de nosotr@s mism@s. Una búsqueda que si no se para a tiempo suele generar frustración, baja autoestima, estrés y que nos hace incluso quedarnos estancad@s.

No nos permite empezar aquello que soñamos. 

El problema no es aspirar a las cosas bien hechas. No estoy diciendo nada de eso. Buscar la armonía, cuidar el detalle, poner amor a las cosas que hacemos es algo muy grande y valioso. El verdadero problema es cuando ese “deseo de perfección” se convierte en una obsesión. Cuando llega al punto de no aceptarnos a nosotr@s mism@s ni a los demás porque no “encaja” en lo que pensamos o deseamos que fuera.

Ser consciente: Es muy importante reconocer cuando estamos llegando a ese punto de parálisis por querer que todo sea magnífico y estupendo.

Apelar a la paciencia: Vamos a ver, ¿qué es lo que quiero conseguir? ¿es necesario que siga dándole vueltas a lo mismo? Hay veces que las cosas llevan su tiempo y no salen a la primera… ¿por qué frustrarme con ello?

Recordar lo importante que es disfrutar del proceso: Obtener resultados es fabuloso pero si no disfrutamos de lo que hacemos en cada momento todo lo que consigamos nos sabrá a poco.

Descansar: Dejarlo todo. Dedicarme a otras cosas. No presionarme. Ser buena conmigo y darme el espacio y el tiempo necesario. Sin juzgarme.

No siento que haya que buscar la perfección en nuestras vidas. Ya somos perfectos. En realidad, es en todas esas imperfecciones que vemos en nosotr@s donde yo veo tu perfección y la mía.

Visto en legrancoach.com

Dedicado especialmente a ti, que se que me vas a leer.

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