Pensemos en algo que cumpla todas estas premisas:

– Está presente en nuestra vida desde el día que nacemos hasta el día que morimos

– Lo utilizamos todos los días

– El 90% de nuestras preocupaciones se solucionarían con él

– Pasamos el 80% de nuestro tiempo tratando de conseguirlo

No sé qué respuesta habréis pensado. Puede que haya más de una, pero para mí está clara: El Dinero.

Cómo decía Warren Buffet, “el dinero no hace la felicidad, pero te pone a un paso de ella”. No se trata de ser materialistas, pero sí realistas, y reconocer que nuestra vida sería más relajada si dispusiéramos de la cantidad suficiente de dinero que solventara muchos de nuestros problemas.

Y si el dinero va a ser tan importante en nuestras vidas….

– ¿Qué nos enseñan sobre el dinero en el colegio? ¿Y en la Universidad?

– ¿Por qué tenemos que aprender finanzas domésticas cuando nos chocamos contra ellas? ¿Y por qué no nos preparan para ellas?

Tenemos que ser capaces de formar financieramente a nuestros hijos. Y con ello no me refiero a que manejen el mercado de divisas, ni que aprender a realizar inversiones que tengan un determinado ROI.

Tienen que saber cuáles son aquellas cosas que cuestan dinero, y cómo se obtiene el dinero que financia una vida. Cómo podemos optimizar el dinero que tenemos, donde debemos emplearlo, cuales son las prioridades.

Mis hijos suben al coche, entran en casa, abren la nevera, se visten cada mañana….sin saber que todos y cada uno de esos actos cotidianos cuestan dinero. Así que, sin saberlo, están en contacto con el dinero desde el momento que nacen.

Y probablemente, si yo fuera capaz de transmitirles todo eso, llegaría el momento que sabrían cuando pedir o no un juguete, o si es conveniente pasar una tarde de cine familiar.

Así que mi plan va a ser:

– Hablarles a mis hijos de los ingresos que entran en casa. Explicarles que no es una renta vitalicia, sino que los padres tenemos que pasar continuos exámenes para mantener ó elevar esa cantidad de dinero que entra en casa. Y que muchas veces hay variables que no dominamos que pueden hacer que el flujo de ingresos se reduzca e incluso se corte de raíz.

– Hacerles conocedores de los gastos que suponen las cosas cotidianas de su vida: comer, llevar un abrigo, bañarse con agua caliente, salir a comer fuera de casa, dormir bajo techo, encender una luz, etc.

– Y hablarles de todos esos gastos que ni siquiera hoy pueden imaginar que existen: seguros, impuestos, gastos de comunidad y un largo etcétera.

Seguro que actualmente hay multitud de cosas que no entienden, pero sabrán que existen. Y el saber que algo existe es el primer paso para ponerse en guardia.

Ya que nuestro sistema educativo no prepara a nuestros hijos para la vida real, asumamos nosotros esa obligación.

Si lo intentamos, seguro que el día de mañana nuestros hijos estarán más preparados para analizar las condiciones de una hipoteca, elegir un modelo de coche u otro o emprender en sus propios proyectos.

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