Todos conocemos la importancia de la comunicación no verbal. Miradas, gestos y actitudes conforman un lenguaje que nos trasmite mucho de otra persona. Podemos conocer sus intenciones, su determinación o su estado de ánimo sólo con observar ese lenguaje no verbal.

Pero en los últimos días hemos podido ver, a mi parecer, una de las mayores expresiones de comunicación no verbal para tratar de tomar la delantera en una situación que ni siquiera ha comenzado.

Son alrededor de las 9 de la noche del 5 de Agosto. Londres, Estadio Olímpico. Faltan pocos minutos para que se celebre la final de los 100 m lisos. La prueba reina del Atletismo. El éxtasis del olimpismo.

A pesar de ser la prueba más corta, es la que más expectación suscita. Conocer quién es el hombre más rápido del mundo.  Conocer si será el hombre más rápido de todos los tiempos. Y todas las miradas se centran en un hombre: Usain Bolt.


El jamaicano ya fue medalla de oro en Pekín, tanto en 100m como en 200m. Han pasado 4 años, y su trono es pretendido por otros atletas, que se han preparado a conciencia para destronarle. Blake, Powell, Gatlin, han trabajado duro durante 4 años para ser coronados en el Olimpo de los dioses. 

Pero entre el Rey, y los pretendientes a serlo, los pensamientos son distintos en esos momentos previos. Los pretendientes, convencidos cada uno de ellos de que pueden ser el próximo rey, tratan de quitarse presión, y eso les relaja:

“él es el mejor”, “voy a intentarlo, pero es normal si me gana”, “estoy preparado, pero puede suceder cualquier cosa”. Gestos de concentración, calentamientos en solitario.

Y el rey? Cual es su presión?: “soy el rey, el dominador. Voy a dejar de serlo?”, “quizá mi mejor momento ya pasó, han transcurrido cuatro años”, “si pierdo, probablemente jamás volveré a ser el rey, los años pasan”.

Parece evidente que la tensión y la presión es superior en Usain Bolt, en el recordman mundial, que en los aspirantes.

Pero, sorprendentemente, qué ocurre?

La realización de televisión no deja de ofrecernos imágenes del calentamiento, de los momentos previos. Y ahí vemos a Bolt, escuchando música, gesticulando, sonriendo. Incluso tiene tiempo de pararse delante de una cámara y gesticular delante de ella, bailar y hacer su famoso gesto del arquero.

No está nervioso? Tan relajado está que se permite el lujo de bromear? No, nada más lejos de la verdad.

 Su tensión es superior a la de sus rivales, pero ha decidido intentar ganarles antes de que empiece la final. Ha analizado junto a su equipo cual ha de ser su actitud ante la prueba. Hay que elegir entre concentración máxima, o relajación.

 Y deciden que la mejor manera de comenzar a reinar durante otros cuatro años es demostrar tranquilidad, relajación, incluso alegría.

 Sus rivales lo miran, esperan tensión, preocupación, stress que quizá consiga agarrotar sus músculos y perder unas milésimas de segundo preciosas. Pero en lugar de eso encuentran esa actitud relajada, bromista, casi indiferente.

 Y qué mensajes transmite esta actitud?

“Estoy preparado, estoy confiado de que voy a dar lo mejor de mí, y estoy seguro de que voy a ganar”, “soy feliz porque voy a ganar, y esta es mi forma de expresar felicidad”, “ Vais a tener que ser muy buenos para ganarme”.

 Qué piensas cuando, ante el momento más importante de tu vida, para lo que te has preparado durante años, ves que tu máximo rival, el campeón, el favorito, está así de relajado? La mayoría de las personas pensarían que no tienen nada que hacer. El lenguaje no verbal nos transmite eso sobre el campeón.

 Los 100 metros lisos es una prueba muy especial. Los atletas dan lo máximo, y se enfrentan una vez cada dos años. En el mundial de atletismo, y en las olimpiadas. Y además de verse sólo una vez cada dos años, la prueba se resuelve en menos de 10 segundos.

“Golpea primero. Demuestra actitud. Muestra lo que deseas transmitir. Y hazlo creíble”.

Cuando suena el pistoletazo de salida el mundo está detenido. El silencio reina en el estadio. Cientos de millones de personas aguantan la respiración delante de sus televisores.

Y apenas 9 segundos después, Usain Bolt cruza la línea de meta sabiendo que es el rey otros cuatro años. Y los pretendientes sabiendo que deberán volver a intentarlo.

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