El otro día, tomando café con un alumno, me hablaba de cómo el proyecto que había presentado como proyecto final de curso, y que quería llevar a cabo, le estaba empezando a generar dudas por algunas variables que habían cambiado.

Es un proyecto de venta de un servicio online, y discutíamos acerca de cómo enfocar  ese cambio de variables, y cómo reenfocar el proyecto atendiendo a los cambios producidos.

Cuando nos presentó el proyecto al Tribunal, le otorgamos una muy buena nota: era factible, cuantificable, escalable y financieramente abordable. Lo vimos un proyecto sólido y con verdaderas posibilidades de salir adelante.

Además del nuevo enfoque del que estábamos hablando, me comentó que había algo que le “dolía profundamente” y no sabía cómo abordarlo: su padre no consideraba eso un trabajo “serio”.

Pongámonos en situación: una persona de 25 años, el padre prejubilado de una gran empresa hace unos años en muy buenas condiciones, que se ha esforzado duramente junto con su esposa para que su hija estudie una carrera, aprenda inglés y haga un Máster que complemente su formación.

Y para él que crear una página web que ofrece un servicio, no es un trabajo al uso. Vamos, no es un trabajo.

Para su padre, un trabajo es estar en el departamento de administración, ser director comercial, director de marketing….en una empresa. Y si puede ser una empresa con trayectoria, reconocida en la zona, mejor. O una multinacional.

Y ahí se produce la brecha generacional. Esos padres, nuestros padres, pudiéndonos dar buenos consejos y con sus mejores deseos, muchos de ellos están desconectados del mundo laboral, o desconocen cómo éste ha cambiado en unos pocos años.

Que levante la mano quien esté en esa situación. Yo misma me encuentro en ella.

A mi padre se le llenaba la boca cuando decía a sus amigos que su hija era la directora de Marketing de –x- empresa.

Ahora sigue muy orgulloso de mí, no me cabe la menor duda, pero ahora creo que no sabe explicarles a sus amigos a lo que me dedico y no queda tan “guay” decir que su hija es autónoma y que hace trabajillos para empresas de marketing y comunicación y que se pasa todo el día conectada a las redes sociales.

Creo que  tenemos que ser nosotros quienes “formemos” a nuestros padres en cómo es el mundo de hoy. Global, marcado por fusiones, adquisiciones, deslocalizaciones de centros productivos. Y sus aspectos más negativos para el trabajador: ERE´s, concursos de acreedores, impagos.

Y en ese mundo, ¿qué puesto de trabajo en una empresa es seguro? Es más, ¿qué empresa está en una situación desahogada hoy en día?

Y ¿qué es mejor, trabajar en una empresa de las de toda la vida o intentar levantar la tuya propia?

Quizás haya llegado el momento de reconocer esa brecha generacional entre nuestros padres y nosotros, y que, en muchos casos, para ser un mileurista en una empresa que nos contrate, quizá podamos ser mileuristas en nuestro proyecto. Ese proyecto lo dominamos, es nuestro, late con nosotros, y el tiempo, la ilusión y motivación que invirtamos en él, revertirá directamente en nosotros.

En el caso en que decidas trabajar por cuenta ajena, trata de vender algo más que tu tiempo, porque lo que están comprando hoy de ti, tus horas por –x- euros, quizás mañana venga otro que venda lo mismo que tu, su tiempo, pero a un precio más bajo. Y en este caso, te aseguro, que serás un número más y no van a pensarse lo más mínimo en prescindir de ti, será una mera piezas de quita y pon.

Te recomiendo que te analices bien, que veas en qué eres bueno y en qué puedes aportar. En definitiva que detectes cuál es tu talento y que sea eso lo que vendas, tu talento, algo que no pueda sustituir alguien fácilmente.

Esto no asegura tu permanencia tampoco en la empresa, pero a lo mejor, se piensan dos veces si reemplazarte o no.

Yo personalmente, por varias causas, entre ellas personales, decidí levantar mi propio proyecto y desde entonces los lunes ya no son tan lunes como lo eran antes.

Y tú ¿qué has pensado hacer: vender tiempo, talento o levantar tu propio proyecto?

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